Parece ser que la tradición de colocar cruces de piedra en los caminos tiene su origen en los romanos.
Estas eran cruces latinas, con la parte inferior más larga que la superior.
En su momento estaban colocadas en lugares estratégicos, alrededor de los pueblos. Marcaban las salidas y entradas y tenían el objetivo de proteger a los caminantes y peregrinos, así como indicarles el camino correcto.

Con el tiempo esta tradición fue adoptada por el mundo cristiano ubicándolas en torno a edificios religiosos, como ermitas o iglesias.
Estas cruces se conocen también como “humilladeros”, ya que ante ellas la gente se doblegaba al arrodillarse, rezar o inclinar la cabeza.
En algunos lugares se mantienen como señales de piedra indelebles al paso del tiempo indicando las catorce estaciones del vía crucis de Jesucristo
En San Bartolo todavía se conservan unas cuantas. Sin lugar a dudas las más reseñables y dignas de ser contempladas, son las tres alojadas junto a la ermita de San Marcos y el cementerio
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